La semana pasada hablamos de defender la fe y recibí algunos mensajes que me llevan a ampliar el tema, especialmente para resolver la duda más recurrente: ¿Qué es la libertad religiosa?

Primero, debo decir que la libertad de culto, incluida la libertad de credo, es un derecho fundamental que está garantizado por la Constitución de la República de muchos países. La ley nos otorga la oportunidad de elegir nuestra religión; es decir, nos da la libertad de adorar a Dios y congregarnos en la religión que nosotros elegimos. Nadie debe obligarnos a adoptar una religión o castigarnos por ella. Ser cristiano es una decisión personal.

Sin embargo, aunque la Constitución nos brinda ese derecho, se pone en riesgo cuando “por la religión que profesamos” nos tratan de manera diferente o intentan imponer nuevos derechos que nos limitan o nos impiden ejercer nuestra libertad, por ejemplo cuando en los establecimientos educativos quieren imponer políticas que atentan contra nuestros valores cristianos. La educación es un asunto de familia y no tendría que ser determinada por el Estado o la sociedad.

Para quienes preguntaron cómo defendemos nuestra fe, les diría que la mejor manera es manifestando públicamente el rechazo a esas imposiciones que limitan nuestro ejercicio. Dejando en claro nuestras posturas para que respeten nuestra libertad. En Guatemala, por ejemplo, los cristianos salimos a manifestar que somos un país pro-vida en la marcha por la vida y la familia que se llevó a cabo el 2 de septiembre de 2018 ¡así nos hicimos notar!

Como cristianos respetamos la decisión de adorar a Dios de las personas —así como la de no hacerlo— y no buscamos que todas piensen como nosotros. Somos respetuosos de la libertad que otros tienen para creer o no en Dios. Esa libertad de culto nos enriquece como sociedad.

Somos respetuosos de la forma en que eliges disfrutar de la libertad de ser parte de un país democrático y de esa misma manera también esperamos que nos respeten. Todas las personas son bienvenidas a escuchar el mensaje que Jesús nos mandó predicar: el que libera de la esclavitud del pecado y da la esperanza en la vida eterna, pero también nos llena de fe para creer por cosas mejores en nuestra familia y en nuestra sociedad.

Compartir el mensaje del Evangelio en grupos en casa, en nuestro templo, a través de los medios de comunicación es parte de la libertad que disfrutamos, así que ve y alza tu voz para que más personas conozcan a Jesús, nuestro libertador.