Apóstol Sergio Enríquez

Cada vez que participamos de la Santa Cena, estamos proclamando la muerte y resurrección del Señor Jesucristo y anunciando su venida, esto implica una preparación para que estemos con Él, además nos deja ver que Él está vivo, venció la muerte y volverá por nosotros (1 Corintios 11:26).

Tenemos que estar conscientes que, al momento de participar de la Cena del Señor, nos podemos presentar de manera digna o indigna (1 Corintios 11:27-28). Es por ello, que debemos examinarnos a nosotros mismos para poder discernir correctamente el cuerpo de Cristo (1 Corintios 11:28-29); en caso de no hacerlo, trae como consecuencia debilidad, enfermedad e incluso hasta la muerte y esto en sentido terrenal como en el espiritual.

El Señor quiere bendecirnos, y es por ello que nos muestra los beneficios de presentarnos dignamente a su Cena: Nos da Fortaleza (Hechos 9:31), nos das Salud (3 Juan 1:2) y nos da Vida (Juan 10:10).

No nos dejemos engañar por lo que se está anunciando afuera, escuchemos el anuncio que viene del cielo, los planes de Dios son de bienestar para nosotros.

Es un tiempo de gozo y alegría del ser partícipes en la mesa del Padre, la cual fue instituida en la Palabra por Jesús para conmemorar Su sacrificio y resurrección para vida eterna, y la Santa Cena es una comunión que tenemos con nuestro Amado.

El Apostol Pablo le enseñó al pueblo de lo que él había recibido espiritualmente por Jesús, y la Santa Cena tiene múltiples funciones para cambiar nuestra vida, pero es necesario que nos despojemos de todo orgullo y analicemos nuestro corazón para pedir perdón al Señor.

Es necesario rogar al Señor su perdón, porque al analizar nuestra vida podemos ver que somos imperfectos en camino a la perfección que es Dios, pero solo con su ayuda lo lograremos. Cuando recibimos de Él nuestra capacidad de perdonar, bendecir, fortalecer a otros para que nuestros días sean buenos y agradables en la tierra.