Artículo. “El caos electoral”

Por: Armando de la Torre.

Estamos en una guerra que nos ha sido impuesta subrepticiamente… ¡desde fuera!
Muchos guatemaltecos aún no han caído en la cuenta; pero entre los pocos enterados, ya algunos hasta se han apresurado a capitular de antemano. Son chapines “prácticos”…

Las emboscadas más recientes nos han sorprendido de Barack Obama, Hillary Clinton, John Kerry, todos de la mano de los más dóciles de nuestra izquierda local, a su turno de conducta robótica ante cualquier euro y dólar que les envíe sus compañeros ultramar.

Pues ya Castro y Maduro apenas cuentan, tras haber quebrado sus respectivas arcas nacionales. Aunque Noruega todavía nada en el petróleo del Mar del Norte…

El parteaguas entre nosotros data del gobierno de Jacobo Arbenz, que inauguró autoritariamente el concepto, y la práctica, de la “lucha de clases”. Y de aquel aventón nos ha quedado ese irrespeto generalizado a la ley, a la Constitución, y, lo más lamentable, aun a nuestro código moral.

Tras casi cuatro décadas de esporádica agitación sangrienta, se rindieron, timoratos, buena parte de nuestros partidos políticos, de nuestros sucesivos “gobiernos” en ejercicio, de ciertos “tatascanes” del CACIF, peor aún, de la Conferencia Episcopal, seguidos de los ingenuos de siempre, tan atareados como para no reparar en lo venenoso de las serpientes en su rededor. Al fin y al cabo, “los hijos de las tinieblas son más perspicaces que los hijos de la luz”…

Esa deshonrosa “resignación” no tiene lugar ahora, sino desde el 29 de diciembre de 1996, por una miope decisión del entonces Presidente Alvaro Arzú a instancia de nuestro “Establishment”. Pero la factura nos llega hoy, casi veinte años después, envuelta en el celofán de aquella amnistia para los delincuentes y aquella persecución penal para los defensores del orden constitucional acordada entonces. Parece que, a juicio de don Alvaro y demás, el fin sí puede, en ocasiones, justificar los medios…

Por ello, caso único en el planeta, y por atrevimiento nada menos que de los malhechores “perdonados”, se monta el circo de un “genocidio”, a cobrar, por supuesto, a todos nosotros, los contribuyentes, al final. Todo según el artero plan de Francisco Dall’Anese y secuaces, y en contra de un nonagenario general evangélico ¡bajo el logo de la defensa de derechos humanos!

Lo que confirma que ya nos llegó aquel doble lenguaje, típico de los sistemas totalitarios europeos, que nos profetizara para 1984 George Orwell. Por su parte, esos genios firmantes ¡en nuestro nombre! de una “paz firme y duradera” simulan seguir tranquilos, mientras los inspirados en aquel mítico Arbenz prosiguen con su metódica labor de regresar a Guatemala a la Edad de Piedra…
Tierra bendita de jade… y de traidores.

Por tanto, no debería sorprendernos a estas alturas que nos enfrentemos a las elecciones más atípicas e inseguras en casi dos siglos de “independencia”, lograda “sin choque sangriento”.

Para ello han trabajado a todo vapor esos adictos a la traición: los guerrilleros de antaño, las vocingleras de hoy, mercenarios todos a sueldo de lo que les llega de Bruselas, Estocolmo o Washington, y cuya última genialidad para el logro de su tan anhelado golpe de Estado consiste ahora en suspender las elecciones, improvisar una junta de gobierno constituida por una exquisita selección de feministas rabiosas: Claudia Paz y Paz, Yassmín Barrios y Hellen Mack, y, después, convocar a una asamblea constituyente a su imagen y semejanza…

¿Estará ahí también involucrado el omnipresente teutón, Miguel Mörth?…
Frente a todos ellos se alza la sufrida y serena figura de Zury Ríos Sosa, precisamente la hija muy leal del calumniado Ríos Montt: inteligente, culta, experimentada, mujer de principios, templada por la desventura.

Y mientras tanto, el resto de los candidatos a presidir lo que resta de este Estado hipotéticamente “soberano”, permanece impertérrito pues en nada “les toca”…
¿En nada? ¿No son ellos también guatemaltecos… como lo es, sea dicho de paso, Erwin Sperisen?

Y frente a las elecciones, ¿cómo consolidar la libertad del poder judicial? ¿Qué de la certeza jurídica de la propiedad rural? ¿O de la ausencia del Estado por esos mismos lugares? O, ¿qué del tormento inaguantable de los infelices campesinos sometidos, sin tregua, a las extorsiones, secuestros, torturas y amenazas por parte de “los defensores de los derechos humanos”? ¿Qué de la defensa y protección desde Guatemala de nuestros conciudadanos en el extranjero, digamos… en Suiza? ¿Cómo aliviaremos a nuestro pueblo de la opresiva deuda externa? ¿Qué se dice de la posibilidad de aprobar sólo presupuestos equilibrados? ¿O de la reforma eficaz de la ley del servicio civil? ¿O aun de la supresión de todos los aranceles, para acabar de una vez por todas con el contrabando y con la corrupción en las aduanas, o aun para eliminar ese costo artificialmente elevado de los bienes importados? ¿Y qué de la eliminación adicional del impuesto sobre la renta, para que se les facilite la formalización del empleo al más del 70% de nuestra mano de obra productiva, y atraer inversiones generadoras de más empleo? ¿O qué del legítimo reclamo a Washington y a Bruselas para que el combate al narcotráfico quede rígidamente ligado entre allá y aquí, y dejemos nosotros sólo de poner los muertos mientras ellos fuman sus orgías camino a tornarse “zombies”?

¿Qué del estado tan deplorable de nuestra educación pública a todos los niveles, desde el parvulario al universitario? ¿Qué de los bajos salarios a los policías de quienes esperamos que arriesguen sus vidas para proteger nuestra opulenta seguridad? Más lacerante aún: ¿qué de la impunidad de esos verdaderos delincuentes que desertan irresponsablemente de su mujer y de sus hijos menores de edad? ¿Qué de esa nuestra hipócrita tolerancia tan “cortés”, en la vida pública como en los contratos entre privados, de la permanente Mentira, del engaño, del desfalco? Por no hablar de la desnutrición infantil o de la mediocridad rampante y tolerada entre nuestros adultos.

¿Qué, no menos, de la incultura “enciclopédica” habitual entre nuestros Presidentes y legisladores? ¿Inclusive hasta entre magistrados, jueces y fiscales?… Y lo más importante de todo: ¿nos quedará siquiera algún espacio para lo normativo y obligatorio en nuestras conciencias?

Silencio ruidoso es de esperar…

Pero Zury, flor en el pantano, no hablas al vacío… No estás sola. La cruz ennoblece, y nuestro pueblo, de mucho tiempo atrás, también está crucificado.

We shall overcome!