Artículo. ““LA GALLINA QUE COME HUEVO, AUNQUE LE CORTEN EL PICO…””

Por: Armando de la Torre.

Me valgo de este dicho tan guatemalteco, a propósito de ese escándalo internacional que ha sido la monstruosidad jurídica ocurrida en el juicio a Sperisen en Ginebra, Suiza, bajo la responsabilidad de un fanático fiscal (“procurador” lo llaman allá) de habla francesa.

La “gallina” a la que aludo con la metáfora en el título es Francisco Dall’Anese, el nada profesional Alto Comisionado de la CICIG -y antecesor del presente, Iván Velásquez-, que urdió desde aquí la infame emboscada de la que Erwin Sperisen ha sido víctima, con la colaboración, por supuesto, de la no menos moralmente despreciable (pero muy condecorada políticamente) Claudia Paz y Paz, la Fiscal General que nos impuso Álvaro Colom y retuvo Otto Pérez Molina.

Y por el “huevo”, a su turno, denotó esa práctica perversa de valerse de testigos falsos para obtener condenas penales, ajenas, por supuesto, a todo debido proceso. Como en aquellos años emblemáticos del Terror (septiembre de 1792 – julio de 1794) de la Revolución Francesa con los que el acusador debe haber estado muy familiarizado, o como durante las “purgas” de Stalin manipuladas por su verdugo delegado, Lavrentiy Beria, en la década de los treinta del siglo pasado.

Y todo en la Suiza de hoy, no en la Alemania nazi de hace ochenta años.

Por eso, de igual manera me atrevo a hacer extensiva esa misma metáfora a su cómplice a Claudia Paz y Paz, por cierto de “visita” en estos días por el Cantón ginebrino. ¿Enviada por quién?… ¿Costeada por quién?… ¿Convocada por quién?
Para ahondar un poco en el pasado de Dall´Anese, el Estado de Costa Rica se enfrenta hoy a una demanda económica por un total de trece mil cuatrocientos cuarenta millones de colones devaluados (equivalentes, al cambio actual, a unos 24 millones de dólares), por un caso de esa índole perjura cuando fungía de Fiscal General de Costa Rica (2003-2010).

Una demanda le ha sido interpuesta en su contra por el empresario colombiano Jorge Alcides Castillo Sánchez, que la exige en los tribunales como compensación por sus cuatro años de cárcel por un crimen del que era enteramente inocente, y del que hubo de ser debidamente absuelto por la Sala Primera del Tribunal Contencioso Administrativo de ese país, sobre la causal de haberse valido su pesquisidor, Dall´Anese, de testigos falsos.

Otro tanto se ha repetido en contra de Erwin Sperisen, esta vez de la mano del compañero de ruta de Dall´Anese en Suiza, el Procurador General de Ginebra, Yves Bertossa, hijo, por cierto, nada menos que de unos de los fundadores de la ONG TRIAL, la querellante adhesiva contra Sperisen, y entre cuyos miembros figura muy elocuentemente también Baltazar Garzón.

Todo ello, precedido por una campaña de difamación sistemática contra Sperisen y Guatemala, mediante dos films denigrantes, uno hecho en la Argentina, y otro, financiado por TRIAL y difundido ampliamente por Europa a cargo de la firma AKKA FILMS. Campaña denigratoria a la que se ha sumado subrepticiamente, sea dicho de paso, Hillary Clinton, desde que fue Secretaria de Estado de los Estados Unidos a las órdenes de su superior jerárquico, Barack Obama.

La fundación TRIAL promovió en los meses previos al juicio de Sperisen esos prejuicios condenatorios y repletos de infundios contra su persona y Guatemala, para predisponer la opinión pública europea y a los jueces en su contra. En uno de ellos ponen a Sperisen a la par de Idi Amin, de Milosevic y de otras celebridades repulsivas. Esos gratuitos acusadores se autonombran “chaseurs de crimes”, algo así como cazadores quijotescos de malandrines. Claro está que en su lista, por supuesto, no figuran ni Fidel Castro, ni Pol Pot, ni Maduro, ni demás bellezas internacionales de la “izquierda” ideológica…

Pero ¿por qué les resulta Guatemala tan importante hoy en medio de tantas crisis violentas en el norte de África, en Siria, o en Ucrania, o las económicas por el “default” griego?

Porque en cuanto supuesta “república bananera”, por ellos tan explícitamente menospreciada les resultamos, sin embargo, potencialmente muy útiles, en cuanto posible antecedente legal para, eventualmente, procurar ante la recién creada Corte Internacional Penal (2002), una condena por “genocidio” contra Benjamín Netanyahu dentro del territorio de la Autoridad Palestina, y también, según sus sueños más delirantes, ulteriormente de haber tenido éxito en este último, contra el mismísimo George W. Bush, con el apoyo, como sería de esperar, de una administración gubernamental del Partido Demócrata.

Es esa conveniencia “estratégica” de Guatemala en la que también coinciden los demás “compañeros de ruta” internacionales a la Chávez y Maduro, y para la cual, desconocida enteramente por la opinión pública de nuestro país, Dall’Anese armó con todo sigilo ese espectáculo circense en Ginebra. Es más, el descrédito muy merecido del gobierno de Pérez Molina les ha venido, adicionalmente, como anillo al dedo: Sperisen no es más que un corrupto despótico y asesino propio de nuestro subdesarrollo republicano.

Inclusive nuestro “distraído” ex-Ministro de Relaciones Exteriores y actual embajador ante la ONU, Fernando Carrera, ni se da por aludido. Tampoco, lamentablemente, la mayoría de nuestros medios masivos de comunicación y de nuestras redes sociales. Y mucho menos, esos políticos que en el ambiente electoral del momento arguyen que “les toca” su turno al poder.

Todo ello es nuestro aporte supletorio desde Guatemala a la injusta condena de Sperisen en Ginebra.

Para cerrar con broche de oro, un funcionario de menor categoría, el Lic. Leopoldo Guerra, ha decidido encima erigirse en estos días en intérprete legítimo de la Constitución de 1985, y sobre tal base les ha negado prepotentemente el derecho inalienable de votar y ser electos a multitud de ciudadanos, con ocasión de la candidatura perfectamente legal de Zury Ríos Sosa.

Con casos típicos como ese de una “banana republic”, ¿nos extrañamos todavía de que cualquier extranjero, desde cualquier rincón del globo, dentro o fuera de la legalidad, se permita pisotear los derechos fundamentales e irrenunciables de cualquier ciudadano guatemalteco?

(Continuará)