Inicio Noticias Nacionales El día que lloré al ver a Guatemala

El día que lloré al ver a Guatemala

0
El día que lloré al ver a Guatemala

Por Alex López

Tenía 19 años y me encontraba estudiando en el Instituto Bíblico Cristo para las Naciones en Texas, Estados Unidos. Llevaba casi un año de estar fuera de mi país. Me hacía falta mi familia, mi gente, mi tierra. Y es que, cuando se está lejos de la nación que uno ama – aunque le llaman del tercer mundo, pero para uno ocupa el primer mundo en su corazón – uno extraña su comida, sus amigos, su nación.

Venía volando una fría noche de diciembre solo. Era la primera vez que pasaba tanto tiempo fuera de mi país. Anhelaba un atole de elote en el Mercado de San Lucas, unas tostadas con Guacamole, unos rellenitos o canillitas de leche.

 En el avión ya no se escuchaba a nadie platicar. Los turistas salen de Guatemala en diciembre. Pero muchos chapines que viven lejos, es en diciembre que vuelven. El piloto ya había anunciado que empezábamos a descender. Regresaba en una época muy especial para muchos que viven fuera y llevan años sin regresar. Era diciembre. Y en Guatemala diciembre es lindo. Los niños están de vacaciones, los amigos y las familias se reúnen, los centros comerciales adornados, pero nada como el calor y el amor humano, que veo que en mi Guatemala suele reinar en la gran mayoría.

De pronto, mientras veía por la ventana del avión, apareció la ciudad de Guatemala. La capital de esa bella nación conocida como el país de la eterna primavera. Todas las carreteras y las casas se veían iluminadas. A mí me gusta la noche. Me gusta lo íntimo que la oscuridad produce para meditar. No pude evitar traer recuerdos de la infancia, de la época del colegio, de una idea a un circo o de un almuerzo en familia, de mi iglesia, de Ciudad San Cristóbal antes que estuviera poblada como ahora – en aquel entonces vimos loros, pericas, gavilanes, conejos, armadillos, comadrejas, culebras y cuánta cosa más en esa finca que hoy es una gran ciudad –.

Mis ojos se llenaron de lágrimas mientras veía la tierra en la que Dios me permitió nacer. Es cierto, sabía que no era tan limpia, lo de la violencia, la corrupción, y que no se comparaba con los avances de Estados Unidos, pero era mi tierra. Me dije, difícilmente me iría de Guatemala, aunque como dicen: nunca digas nunca. Porque tiene cosas tan lindas qué disfrutar, su variedad de climas, su gente, sus paisajes. Y si me fuera, jamás dejaría de regresar. Mientras escribo estas palabras estoy conmovido nuevamente, siento que voy en el avión, pensando en lo maravilloso del país en donde Dios me sembró para florecer. Me siento nuevamente dichoso de llamarme guatemalteco y sé que mi nación cada vez será más encantadora.

Dios escogió la nación en que naceríamos para cada uno de nosotros. Vivamos para enaltecerla. Hablar de lo malo, cualquiera. Hacer algo bueno, nuestro desafío. Un país se construye una persona a la vez, una familia a la vez, una ciudad a la vez. En donde nos movemos, impactemos a nuestra nación con el amor de Dios mostrado en Jesucristo nuestro Salvador. Ese amor sacrificial que trata a los demás como superiores a nosotros mismos y que hace todo para la gloria de Dios.

Soy cristiano y también soy guatemalteco. Y mientras viva proclamaré en mi nación, como dijo el sabio Salomón: “La justicia enaltece a una nación, pero el pecado deshonra a todos los pueblos” La Biblia en Proverbios 14:34. Vivamos y proclamemos la justicia que viene de Dios, sólo así tendremos una más bella Guatemala en donde la justicia, la paz y el amor reinen en cada hogar en Jesús.

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here