Cada hermano es parte del cuerpo de Cristo y cada uno tiene un papel importante en la protección del reino de Dios.

¿Para qué sirve la clase de historia o de estudios sociales en la escuela? A lo mejor nuestros hijos o nosotros mismos nos hemos quejado de esa materia, porque solo hasta que somos adultos entendemos muy bien que valió la pena estudiar y conocer la historia social de nuestro país o nuestro continente para tener claro de dónde venimos.

Como padres nos esforzamos por contarle a nuestros hijos de dónde viene nuestro legado o cómo inició el abuelo el emprendimiento familiar que hoy sostiene a toda una generación. Para que valoren lo que tienen, es importante que les comuniquemos que no todo ha sido fácil y que se ha requerido de sacrificios y luchas.

Dios mismo está interesado en que conozcamos nuestra historia. Por eso la Biblia se compone de una serie de libros que nos enseñan el plan de salvación completo que Él estipuló para la humanidad. Aunque te guste más leer los Evangelios del Nuevo Testamento es necesario que vayas al Antiguo Testamento para comprender todo lo que el pueblo de Dios padeció para obtener su libertad y alcanzar las promesas.

Considero importante entender cómo Dios ha estado presente en las batallas familiares, de la misma manera que en las luchas que Su iglesia ha enfrentado para brillar en la oscuridad. Para que tú y yo pudiéramos pararnos a predicar con una Biblia en una casa o en un templo hubo personas que sacrificaron su vida en pro de la libertad religiosa que hoy está bajo una sutil amenaza.

¿Has notado cómo se ataca a las personas por su fe? ¿Has visto cómo abundan las noticias que hacen énfasis en la fe de las personas? ¿Te has enterado de iniciativas que atentan contra los principios y fundamentos bíblicos? En muchas partes del mundo hay marchas a favor de grupos específicos que se declaran enemigos de la fe. Cada vez hay más información que intenta desacreditar la labor de la iglesia cristiana en general. Observa detenidamente y podrás descubrir lo que sucede en tu entorno.

Hoy, que podemos hablar y predicar, no debemos callar. Hay muchas personas que necesitan las Buenas Nuevas del Evangelio y aunque incomodemos a algunos sectores de la sociedad es necesario que alcemos nuestra voz y en unidad defendamos lo que creemos. Somos responsables de que nuestras siguientes generaciones disfruten de estos mismos privilegios.

Creer en Jesús es un derecho que no podemos perder. Tener libertad de profesar nuestra fe es algo que debemos defender con determinación. Si nos mostramos unidos seremos una fuerza imparable. Como dijo el pastor Martin Luther King: “Lo preocupante no es la perversidad de los malvados sino la indiferencia de los buenos”.

No seas indiferente a lo que sucede en tu localidad. No esperes a que alguien más defienda a los cristianos, que alguien más proponga o tome el liderazgo que le corresponde a los cristianos. No esperemos a perder espacios para valorar lo que hoy tenemos. Cada uno tiene un papel importante en la protección del reino de Dios. Asume el rol de defensor de la fe en tus redes sociales, en tu iglesia, en tu familia o en tu trabajo; ¡que te identifiquen como un hijo de Dios comprometido a brillar por el Reino!

Recientemente hablamos de defender la fe y recibí algunos mensajes que me llevan a ampliar el tema, especialmente para resolver la duda más recurrente: ¿Qué es la libertad religiosa?

Primero, debo decir que la libertad de culto, incluida la libertad de credo, es un derecho fundamental que está garantizado por la Constitución de la República de muchos países y Guatemala no es la excepción. La ley nos otorga la oportunidad de elegir nuestra religión; es decir, nos da la libertad de adorar a Dios y congregarnos en la religión que nosotros elegimos. Nadie debe obligarnos a adoptar una religión o castigarnos por ella. Ser cristiano es una decisión personal.

Sin embargo, aunque la Constitución nos brinda ese derecho, se pone en riesgo cuando “por la religión que profesamos” nos tratan de manera diferente o intentan imponer nuevos derechos que nos limitan o nos impiden ejercer nuestra libertad, por ejemplo cuando en los establecimientos educativos quieren imponer políticas que atentan contra nuestros valores cristianos. La educación es un asunto de familia y no tendría que ser determinada por el Estado o la sociedad.

Para quienes preguntaron cómo defendemos nuestra fe, les diría que la mejor manera es manifestando públicamente el rechazo a esas imposiciones que limitan nuestro ejercicio. Dejando en claro nuestras posturas para que respeten nuestra libertad. En Guatemala, por ejemplo, los cristianos salimos a manifestar que somos un país pro-vida en la marcha por la vida y la familia que se llevó a cabo el 2 de septiembre de 2018 ¡así nos hicimos notar!

Como cristianos respetamos la decisión de adorar a Dios de las personas —así como la de no hacerlo— y no buscamos que todas piensen como nosotros. Somos respetuosos de la libertad que otros tienen para creer o no en Dios. Esa libertad de culto nos enriquece como sociedad.

Somos respetuosos de la forma en que eliges disfrutar de la libertad de ser parte de un país democrático y de esa misma manera también esperamos que nos respeten. Todas las personas son bienvenidas a escuchar el mensaje que Jesús nos mandó predicar: el que libera de la esclavitud del pecado y da la esperanza en la vida eterna, pero también nos llena de fe para creer por cosas mejores en nuestra familia y en nuestra sociedad.

Compartir el mensaje del Evangelio en grupos en casa, en nuestro templo, a través de los medios de comunicación es parte de la libertad que disfrutamos, así que ve y alza tu voz para que más personas conozcan a Jesús, nuestro libertador.

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