Lo único que queda de la ciudad más cosmopolita que menciona la Biblia es ruinas, allí se comenzó a perder el amor a Cristo

Los restos de la Biblioteca de Celso en Éfeso, Turquía, fueron excavados en 1903.

Cuando el Señor Jesús tiene algo contra la iglesia es para temblar y cuando se trata de pérdida de amor, la iglesia no solo debe temblar sino debe de caer de rodillas y pedir perdón. Efeso era una ciudad cosmopolita, allí se unían ricos y pobres, cultos e ignorantes, falsas religiones y supersticiones. Allí estaba el templo de Diana, diosa pagana y una de las siete maravillas del mundo, reliquia de Asia –hoy Turquia- y santuario de criminales. Allí la iglesia que Pablo estableció durante 3 años, llegó a florecer. La congregación de Efeso era dinámica, trabajadora, disciplinada, paciente y con discernimiento, pero todas estas cosas la llegaron a convertirla en una iglesia sin amor. “Yo conozco tus obras, y tu arduo trabajo y paciencia; y que no puedes soportar a los malos, y has probado a los que se dicen ser apóstoles, y no lo son y los has llamado mentirosos” (Ap. 2:2-3), a pesar de arrancar con estos elogios Jesús vio más que la fachada piadosa y es que la iglesia de Efeso tenía un problema de corazón, “Pero tengo contra ti, que has dejado tu primer amor” (Ap. 2:4).
Aquellos Efesios habían dejado de amar a Cristo y amarse mutuamente. Habían llegado a convertir a la iglesia en una religión casi perfecta pero sin amor. “Recuerda, por tanto, de dónde has caído, y arrepiéntete, y haz las primeras obras” (Ap. 2:5) Y es que si se pierde el primer amor puede pasar lo que le paso a Efeso, esa hermosa ciudad está actualmente deshabitada y es una de las más grandes ruinas de la región y con ella la iglesia de Efeso que tuvo su auge del 33 al 100 dC. Hoy en día tristemente hay muchos lugares que se comparan a Efeso, lugares que fueron grandes templos y están en ruinas, por citar un ejemplo podemos ver lo que fuera el Tabernáculo de Londres, donde Charles Spurgeon en 1854 a los 19 años predicaba a cientos de miles de personas y hoy es un lugar frío y vacío. Miles de iglesias en todo el mundo se han cerrado y se han convertido en lugares turísticos, teatros, centros de diversión y han dejado de proclamar el evangelio de Cristo. Por otro lado en todos los países hay templos que no son más que ataúdes clericales, revestidos de rico satín, bordados con oro y dinero pero enterrados en complacencia y caminando sin ese primer amor.
“El que tiene oído, oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias” (Ap.2:7), debe llamarnos la atención que Cristo termina cada una de sus cartas con la misma conclusión, el Espíritu Santo hablando, pues llegará un momento que ese Espíritu ya no hablará a los creyentes, pues la iglesia se habrá ido de esta tierra.
La iglesia de Efeso nos deja un mensaje claro: el Señor debe ser la prioridad de nuestra vida y nuestro primer y único amor.

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