“Más el día del Señor vendrá como ladrón en la noche, en el cual los cielos pasarán con grande estruendo, y los elementos ardiendo serán deshechos, y la tierra y las obras que en ella están serán quemada” 2 Pedro 3:10

Un paisaje distinto, no precisamente el que los visitantes esperan encontrarse cuando llegan a Venecia: canales secos, góndolas encalladas en el barro, y la circulación, prácticamente imposible. Venecia se ve muy distinta en los últimos días por una inusual marea baja que prácticamente dejó sin agua a la ciudad.

A días de uno de los momentos de mayor concurrencia de visitantes, mes de Carnaval, la ilusión de dar un romántico paseo en góndola no podrá ser la soñada.

Los principales canales se encuentran casi secos o con un caudal insuficiente para navegar. El Gran Canal, el principal corredor de tráfico de Venecia, permanece abierto incluso para los buses acuáticos de la ciudad, que no pueden transitar por los canales más pequeños.

Según las previsiones climáticas del servicio de mareas del ayuntamiento de la ciudad italiana, en estos días los niveles de agua llegan a niveles mínimos y -en promedio- sólo alcanzan los 60 centímetros.

Algunos medios locales creen que la sequía se debe al fenómeno astronómico de la superluna azul de sangre, que se pudo observar esta semana en diversos puntos del planeta, aunque también la achacan a “la negligencia con la que se ha mantenido el centro histórico durante al menos un siglo”.